lunes, 24 de abril de 2017

"Un cuerpo, por más que lo pongas desnudo en fondo blanco y sin expresión, no es neutral nunca. Lo que significa es una cosa construída colectivamente". Lucía Naser en el FIDEBA esta semana en Buenos Aires


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Este lunes 22 y hasta el 30 de abril se desarrolla en Buenos Aires el Festival Internacional de Danza Emergente [toda la programación la encuentran acá]. El sábado aprovechamos para compartir una reflexión de la siempre interesante artista y socióloga uruguaya Lucía Naser. Este jueves a las 17.30 estará haciendo ERROR 404 en la Universidad Nacional de las Artes, sede Bartolomé Mitre, con entrada gratuita.
 
Nosotros vimos la obra hace un año en Uruguay y allí mismo tuvimos la posibilidad de charlar extensamente con ella [ver acá]. Transcribimos algo de lo que ya escribimos:

"Error 404 está teñida por el asesinato de Nadia Vera, productora mexicana, amiga y una de las directoras del festival de danza 4x4, en Xalapa.

La muerte de Nadia está directamente relacionada a su militancia en contra del gobernador del Estado de Veracruz. "El gobernador ha asesinado a un número de periodistas -que no son sus amigos- de un modo espeluznante. Hay mucha persecusión. Nadia era una persona muy activista, no solamente en el plano de la cultura, sino también con Yo soy 132, con la elección de Peña Nieto, con Ayotzinapa", recuerda Lucía. El resultado fue un cuerpo vejado, torturado, violado, asesinado. "Toda esta radicalidad política que nosotros concebimos que estamos practicando en la danza, está demasiado cómoda en relación a lo que pasa cuando uno es radical en el mundo real", reflexiona".

En esa misma conversación apareció este pensamiento acerca del valor de la transgresión que vale la pena volver a leer y escuchar:

"Por un lado entiendo, que somos personas singulares, que cada uno tiene sus procesos, que una obra es diferente para cualquier persona que la mira; pero por otro (y acá me pongo socióloga) hay una falta de reconocimiento de cuánto los ambientes en los que estamos nos determinan. Vos te conmovés diferente si ves a tu tu grupo de referentes conmovidos por algo. Ahí hay algo que se activa y decís: 'Esto debería conmoverme'. Es hipócrita decir que somos sujetos y nos relacionamos de manera singular con las cosas. Me incomoda un poco eso. ¿No será que nuestros gustos estéticos en la danza también son una especie de consenso formado por esta microcomunidad y que lo que me gusta o no, no está tan librado a mi sensibilidad, sino que hay una construcción ahí? Todo bien con que la danza contemporánea haya querido quebrar los parámetros más rígidos de recepción y codificación. No sé si lo logró tanto, pero negar y hacer de cuenta que ya estamos del otro lado hace que no nos enfrentemos al problema de que construimos sentido colectivamente. Un cuerpo, por más que lo pongas desnudo en fondo blanco y sin expresión, no es neutral nunca. Lo que significa es una cosa construída colectivamente. Eso por un lado. Y por otro, volviendo al tema de la transgresión, me conflictúa esta apuesta al valor de la transgresión en sí. Está bien que transgredamos lo que el cuerpo puede hacer, lo que no debe hacer, los parámetros de comunicación, transgredimos los formatos de presentación, los modos de significación. ¿Y? Ya demostramos que somos capaces de eso, que te puedo poner la concha en la cara, que puedo llevarte a un lugar y hacerte ver mi obra tirado en el piso en un rincón, puedo transgredir tu lugar de espectador y convertirte en protagonista, puedo transgredir mi lugar de artista y venir sin obra. Tá, ya demostramos que somos capaces de todo eso. Pero se me está quedando un poco pobre esa absolutización del valor de la transgresión. Porque veo lo que le pasa a mis amigas que no están en la danza, veo lo que le pasa a mi pareja y todo ese esfuerzo por descolocar al otro... ¿después qué? ¿Le voy a dar algo más allá de descolocarlo e incomodarlo?"
 

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Para escuchar el fragmento del programa clickeá ACÁ. 

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martes, 18 de abril de 2017

"Cada día se pierde una lengua en el mundo y eso es muy triste. Con el canto conservamos palabras" - Entrevista a Ema Cuañeri y Uli Gomez


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Programa N° 597. Nos visitaron Ema Cuañeri y Ulises Gomez. Ella es cantante, embajadora del pueblo qom y docente; él es músico y estudioso de la música de raíz. Vinieron de Formosa para presentar los cantos ancestrales que Ema viene recopilando desde hace más de 35 años, a los que Uli se suma desde el bombo, las uñas o el berimbao con un toque sutil y a conciencia.

¿Cómo transmitir lo que sucede cuando Ema abre la boca para cantar Shimeigaishí o Tonolec? Ya lo escucharán, pero en ese canto resuena una historia (personal) que es también la de su comunidad; resuena lo profundo, lo que se viene amasando desde hace tantas generaciones; resuena el tiempo de la búsqueda de una melodía olvidada; resuenan las guerras y las persecuiones, su cosmovisón, la tensión entre lo antiguo y lo nuevo; resuena el dolor y el orgullo de ser lo que es. 

"Nosotros somos un pueblo ágrafo y para mantener la lengua nos vimos en la necesidad de escribir (....) Cada día se pierde una lengua en el mundo y eso es muy triste. Con el canto conservamos palabras. Yo recupero palabras, por ejemplo la palabra mamita es una que se está por perder y yo la incluyo en los cantos."  

Ema resalta la responsabilidad que implica cantar. Cuañeri quiere decir "desde lo antiguo o profundo", entonces no es de extrañar que su trabajo de conservarción sea -posiblemente- la misión de su vida. 

¿Por qué canta? "Mi papá tuvo la ventaja de elegir la partera para mi mamá. En aquel tiempo la partera tenía que tener cierta cordura, ciertos dones para el bien de la comunidad y para preservar la cultura. Después de mucho tiempo pregunté a mi papá por qué esas ganas de cantar y ese es un don que ella me entregó. Yo no estudié música, no tengo noción de una nota en el pentagrama, pero tengo el don para cantar porque esa partera que asistió a mi mamá en al campo me dió ese don", nos dijo.

El recorrido de la charla: el apellido Cuañeri y su significado / ¿por qué canta? / la matanza de Napalpí / el canto que se transmite a través de los sueños ("De repente estoy soñanado y tengo un tema... Es una responsabilidad, es una carga y hay que sacarlo") / su tía / memoria, canto y danza qom / la convivencia de lo ancestral y lo nuevo / la escolarización y la enseñanza bilingüe / la madre superiora que al terminar la primaria le dijo: "Vos sos inteligente, dejá de ser india" / la necesidad de escribir para no perder la lengua / la asociación de educadores originarios.

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Acá descargan la entrevista. Abajo tienen dos videos en vivo en nuestros estudios.

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jueves, 13 de abril de 2017

"Los límites que quiero desoir son los de mi imaginación, los de mi cabeza" - Entrevista a Carca

Antes de su presentación de mañana viernes 14 a las 21:00 en el Xirgu Espacio Untref, Carca se sentó un largo rato a charlar con nosotros. De Miss Universo a Pappo, de la exploración de los propios límites al rock sónico, de su padre al futuro cercano. Todo en una charla para escuchar acá.



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Programa N° 596. Carca es un pedazo de rock argentino. Desde comienzos de los 90 viene construyendo, inquebrantable, un camino propio que se dibuja al costadito para quien quiera transitarlo desde la escucha. ¿Hay que desmalezar bastante para dar con él? Es posible. Así sucede con los artistas que funcionan como lados B. Si el lado A es lo mainstream, lo que suena por todos lados, ahí está Carca - el solista, pero también el que forma parte de Babasónicos y sabe perfectamente en qué consiste lo mainstream- dando vida a un lado B más libre, con más lugar para la experimentación, recuperando al rock argentino de los 60s y 70s, pero siempre con la mira puesta en el futuro. 

Todo este palabrerío es poca cosa al lado de un compilado casero armado con Sentada en la luz del sol, Ultratumba, Visiones del campo, Nubes negras, La entidad o Bailarín. Hagan la prueba.

En la conversa que pasamos al aire el sábado pasado Carca nos contó que en este momento está preparando un disco nuevo en el que volverá a una "cosa ecléctica determinante" como fue en Miss Universo. "Vuelvo al eclecticismo para no tener límites en nada - nos dijo. Yo nunca tuve límites, solamente de presupuesto (risas), pero a nivel artístico no".

Su intención es producir un disco largo, "pero sin pruritos a la hora de la elección de lo que es música y qué no, o que es una canción y qué no".

"Yo nunca tuve límites, solamente de presupuesto (risas), pero a nivel artístico no".

Luego de unas semana en que se vió afectado por una infección pulmonar, nos recibió amablemente en su casa para charlar largo y tendido a pesar del malestar que lo aquejaba aún. Hicimos un repaso de su historia desde el momento en que decide disolver Tía Newton para asumirse solista, hasta el futuro cercano. Hablamos de la composición sin límites / los 90s / Melero / el rock sónico / su admiración por Pappo / Hendrix / la música que se escuchaba en su casa / su padre / cómo aparecen canciones como Nubes negras, La Entidad o Bailarín.

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Miss Universo. "Miss Universo fue muy jugado para su época. Hoy en día todos tenemos un lindo recuerdo, fue muy festejado y eso me da la pauta de que cualquier cúmulo de fragmentos musicales y de canciones mezcladas, en algún momento se transforma en una unidad y en un disco que te gusta... o no".

Los límites. "Si alguien conoce de límites a la hora de grabar un disco soy yo. Siempre lo hice sin presupuesto, pero no hay límites en lo desvergonzado. Los límites que quiero desoir son los de mi imaginación, los de mi cabeza".

Melero. "Soy una especie de criatura de Melero. El me enseñó mucho, me enseñó cómo ser un artista, me mostró el artista que había dentro mío sin tener que ser un mero ejecutante de un instrumento musical, que eso lo pueden hacer casi todos las personas".

El rock sónico. "Yo me puse totalmente en desacuerdo con el rock sónico".

Pappo I. "No encuentro quien haya mamado de la música de Pappo. Toda la herencia de Pappo, en un punto, es un poco clacisista y ortodoxa".

Pappo II. "Pappo era único en el mundo y en el universo, uno de los pocos tipos que puede hacer un solo de ocho minutos. En uno de los discos de Pappos Blues hace un solo como de diez minutos que se llama Tumba (Cementerio). Siempre que lo comparto con alguien, a los cinco minutos le pregunto: "¿En algún momento te la bajó?". "Y, no". Claro que no. Es un solo largo y cada fraseo es impresionante. Encima no hay mucho misterio; el misterio son los dedos de él, la escala se la podés enseñar a cualquiera, pero mover la mano de abajo para arriba con esa expresividad es algo único".

"Soy una especie de criatura de Melero. El me enseñó mucho, me enseñó cómo ser un artista, me mostró el artista que había dentro mío sin tener que ser un mero ejecutante de un instrumento musical".

Sé vos. "Yo tengo, por suerte, un estilo como guitarrista que podría definir como único en su forma, porque he buscado toda la vida esa forma. Lo valioso -o lo válido- es buscar tu propio ser, tu propio yo. Por ejemplo, hacer temas de Hendrix yo no puedo, no me dan ganas. Si Hendrix me enseñó algo es sé vos mismo. Hay una voz que dice: 'Sé vos mismo'. (...) Es un compositor del futuro. Los últimos dos años de vida del negro son una lección de libertad, de locura, de desenfado, de sinverguenza. Yo me agarro de eso, porque si me agarrase de querer tocar como él sería otra cosa".

Su padre. "Para mi viejo la música tenía que ser rítmica y feliz... y fácil, simple".

El futuro. "Yo creo que soy una artista de ahora, si pienso que soy de los 90s me mato. Yo creo en el futuro de la música".

lunes, 10 de abril de 2017

Arte y verdad


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Capítulos I y II. Así como el año pasado lo hicimos con la obra de Nietzche, junto a Oscar Cuervo este 2017 encaramos una nueva temporada con el anhelo de hablar de arte desde un enfoque filosófico. O mejor dicho: ¿qué dicen y piensan los filósofos del arte? Lo titulamos Arte y verdad.  "No vamos a hacerle decir a la filosofía qué es el arte, primero porque la filosofía no tiene autoridad para decirlo, y en segundo lugar porque la filosofía no sabe qué es el arte", advirtió.

Aquí dejamos las dos primeras intervenciones que incluyen la pregunta por el sentido del sentido del mundo / ¿qué es el arte? / la evidencia del arte y cómo está presente en nuestras vidas / el problema del arte como mercancía /¿si le quitamos el carácter de mercancía queda algo? / la pertinencia o no de la filosofía para decir algo sobre el arte / Una pregunta: ¿los artistas piensan el arte?

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Capítulo I lo descargan acá
Capítulo II acá.

jueves, 6 de abril de 2017

"Como si aún tuviera / una culpa / por haber tomado / ese riesgo ineludible / de quererlo todo" . Natalia Romero lee sus poemas.


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Programa N° 595. Natalia Romero es poeta. Nació en Bahía Blanca y tiene dos libros editados: Elijo (2011) y Nací en verano (2014). 

En diciembre de 2016 nos cruzamos en el ciclo 4 de copas que organiza Álvaro Urrutia en BB. Allí leyó unos poemas que iban a formar parte de un libro que se llamaría Nuestra Fe. Eso se fue ampliando y terminó en Puede que la muerte mienta, poemario que está buscando su edición y que se caracteriza por trabajar con lo sensible casi como tocándolo.

Recordando aquella lectura, nos acercamos a su casa y la grabamos leyendo esos nuevos poemas. Además, en piso sumamos (torpemente) nuestra voz para Nacimiento, poema que dice así:

Le pregunté a la abuela
por el día de mi nacimiento.
¿Qué hacías
cuando tu hija
se convertía en madre?
La abuela
se acomoda el volado
de la camisa de domingo
ese azul, ahora gastado
por el sol de las tardes
sentada en la vereda.
Hace un movimiento con los ojos
uno que no puedo seguir
se queda quieta en la virgen
esa, que cambia de color
con el clima.
La virgen está violeta
es la humedad, va a llover.
Me acuerdo
del día en que me enteré
que al nacer mamá
la abuela casi se muere.
La partera se asustó
mamá nació
en una sala de hospital
y la abuela temblaba.
Me contaron que el médico
le preguntó a mi abuelo
a quién salvamos
a las dos, respondió.
Claro que a las dos, dijo
como excusándose.
Y cada vez que lo cuenta
es lo mismo.
Como si aún tuviera
una culpa
por haber tomado
ese riesgo ineludible
de quererlo todo.


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La primera parte del programa con las lecturas de Natalia Romero la pueden escuchar acá.

miércoles, 29 de marzo de 2017

"La precariedad fue un modo de vivir y ahí también inventamos". Entrevista a Leandro Barttolotta e Ignacio Gago, integrantes del colectivo Juguetes Perdidos



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Programa N° 594. Ignacio Gago y Leandro Barttolotta son integrantes del colectivo Juguetes Perdidos. Nos visitaron para seguir pensando el acontecimiento Indio Solari en Olavarría a partir de un texto que publicaron este mismo sábado y al que titularon ¿Cómo nos va en estos días? (leer acá). No lo firma el colectivo, sino ellos dos junto a Gonzalo Sarrais Alier, Andrés Fuentes, Analía Conca y Ezequiel Castro.

Los seis estuvieron en el concierto y para reflexionar esperaron que baje la espuma, habitaron la náusea que los inundó al regreso. A diferencia de la mayoría de quienes escribieron y analizaron lo allí sucedido (incluso los que lo hicieron con buen tino), decidieron asumir la primera persona y hacerse cargo de un nosotros protagonista. Ese nosotros se hizo carne luego de Cromañón y está en constante construcción; es decir: saben que escriben también desde la derrota y desde las muertes acumuladas, con dolor y poniendo a la vez un freno a las demandas securitistas del afuera; no se sacan responsabilidades de encima, pero tampoco están dispuestos a ser hablados por los medios de comunicación que estigmatizan y desprecian las prácticas que supimos conseguir en la precariedad. 


El recorrido de la charla: El nosotros / la vecinocracia / la lectura securitista de quienes (también) participaron del recital / cómo derramar esas preguntas a la vida cotidiana / las prácticas envenenadas / la infiltración de fuerzas sociales reactivas / las pequeñas derrotas / cómo enfrentar la coyuntura macrista / la idea de generación / el ricoterismo y Cromañón / El Estado. 

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La entrevista completa la pueden escuchar acá.El programa completo abajo.

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"Hay que decirlo: nuestras alegrías siempre fueron muy al borde y al filo del peligro, de los riesgos. Eso es la precariedad: las relaciones laborales, afectivas, la vida en la ciudad, los transportes. La precariedad fue un modo de vivir y ahí también inventamos".

Nosotros. "Es un nosotros que no es testimonialista. No es 'yo estuve ahí' ni tiene un corte genaracional. Sí es más sensible y participa de estas movidas, las va gestionando, pero se aleja del testimonialismo; con solo estar no alcanza". (Ignacio Gago)

"No lo reducimos a una idea de sujeto colectivo. Tampoco es una cuestión numérica, no se reduce a un número fijo de integrantes. Pero a la vez no niega la trayectorias vitales de cada uno de nosotros, ni los recuerdos sensibles de intensidades, de espasmos corporales, de un montón de secuencias que hemos vivido. O sea que está hecho de esa memoria y de las mejores versiones de nosotros mismos, pero a su vez no se reduce a eso". (Leandro Barttolotta)

"Es un nosotros rockero, pero hay algo que escapa cuando se ve atrapado en un rockismo o en una cosa más identitaria. Es un nosotros que politiza todo el tiempo, pero a su vez no hace del enunciado político el único modo de participar de experiencias o armar movidas". (Ignacio Gago)

El securitismo. "¿Qué pasa cuando uno participó de un fiestón de 400 mil personas y cuando vuelve a su casa piensa 'Uy, estuve en riesgo' o 'Uy, faltó seguridad, faltó el Estado'?. En el texto tratamos de politizar ese tipo de lectura, [pensar] qué pasó en cada uno que leyó así el recital". (Ignacio)

"Lograste una zarpada desconexión allá, de estar afuera de la cotidineidad por dos días, y volvés acá y te quejás de que no había conexión. Entonces, no soportás esa versión tan intensa que vos mismo protagonizaste unas horas antes". (Leandro)

La precariedad. "Hay que decirlo: nuestras alegrías siempre fueron muy al borde y al filo del peligro, de los riesgos. Eso es la precariedad: las relaciones laborales, afectivas, la vida en la ciudad, los transportes. La precariedad fue un modo de vivir y ahí también inventamos. Lo que pasa es que todo eso se cierra cuando te ves empujado al pedido de organización, de securitismo, de que el Estado te regule eso; cuando vos mismo habías conquistado un lugar liberado de fuerzas de seguridad. Esa es una conquista que tiene una historia detrás y que tiene muertos, como están los muertos de Cromañón también. Toda esa historia la borrás y te ves empujado a pedir organización, enunciados securitistas". (Leandro)

¿Cómo nos va en estos días?

(pequeño pogo desatado por Leandro Barttolotta, Ignacio Gago, Gonzalo Sarrais Alier, Andrés Fuentes, Analía Conca, Ezequiel Castro


 
Volver de las grandes ranchadas es siempre insoportable. Y lo es porque el cuerpo de la resaca no se reconoce del todo –no puede hacerse cargo– de su versión desbordada y colectiva. En la vuelta convive el recuerdo de las intensidades desatadas con el impacto por el retorno a la sociabilidad cotidiana y la nostalgia por un mundo que ya empieza a ser pasado (aunque su sombra siga haciéndonos bailar). 

Luego de cada recital del Indio –una saga que acompañó las mutaciones sensibles y económicas de la lejana década ganada– nos preguntamos cómo hacer para derramar esas intensidades en nuestra vida cotidiana, cómo –y si es posible– traducir lo que pasa ahí, ahí donde nos asaltan las inquietudes sobre la potencia de nuestros cuerpos cuando están juntos, donde nos contamos una historia común que ya es memoria y legado. Años de educación sensible roquera sobre nuestros cuerpos muestran que movidas como estas son nuestras fugas, pero también momentos de intensidad, momentos y lugares donde “somos más nosotros que nunca”. 

Pero esta vez la nausea se envenenó y jugó en el terreno de las pasiones tristes; se conectó con lo peor de Nosotros mismos mostrando que somos portadores de fuerzas sociales reactivas que creíamos lejanas y externas. La nausea envenenada mostró una compulsiva apelación al securitismo (“Estoy bien. Estoy vivo”… sí, por la circulación de la sangre y la respiración podemos aseverar que vivís, ¿pero estar vivo no es otra cosa?, al menos eso nos enseñó Patricio Rey) y a la mala conciencia: inmediatamente luego de las noticias de las muertes se escucharon en muchos amigos y amigas críticas a “la organización” del recital, impugnación de la fiesta desmesurada que hace horas habíamos protagonizado, culpa por habernos ido al carajo y por no poder soportar esas intensidades conquistadas –o rapiñadas– cuando toca regresar a casa. 

La fiesta que creamos entre todos los que venimos participando de las misas –y quienes arrancaron por primera vez– para perdernos en otra temporalidad, donde aparecen otros modo de estar juntos y donde se habilitaba otro modo de experimentar una precariedad que siempre tenemos de suelo… dejó paso a un sabor agrio, se tiñó de infantilización mercantil –de pedidos de efectividad empresarial o de demandas al estado–… No, amigos, estos son nuestros espacios; los pocos modos de habitar la ciudad donde se habilitan cuidados entre nosotros no los podemos envenenar con falsas imágenes securitistas. ¿Por qué ese cuidado no se pide en los laburos, en nuestros viajes, para adentro de nuestras casas? Leer Olavarria desde el plano de la seguridad es tener muy adentro la derechización vital –ese recoveco donde anida el macrismo–; es bajar la puerta a las pocas experiencias donde el riesgo de vivir en precariedad puede no ser pasado por el eje control-cuidado-engorrarse, sino por la posibilidad de desatar nuestras creaciones generacionales. 

Si allá –como en cada viaje y en cada fiesta– fuimos nuestra mejor versión, acá y desde una posición fija arrugamos. Las mismas intensidades con las que nos armamos una vida se impugnan ante cualquier amague de peligro para esa misma Vida. Una gran parte de ese Nosotros mostró que las preguntas que salieron al aire en cada uno de los acontecimientos pasados no se soportan cuando regresamos solitos a la cotidianidad. Y ese desfasaje se envidenció en el contraste entre lo que vivimos y no supimos defender y las miradas que llegaban de “afuera” interpelándonos como si volviésemos de un campo de batalla. El peligro es justamente quedar detenido en la elaboración de lo que pasó en Olavarría hecha por las fuerzas externas a la movida (las “mediáticas” pero también las que portamos dentro de Nosotros mismos, por esos hábitos y afectos tristes... fuerzas “externas” a nuestra sensibilidad más potente pero que nos toman). No pudimos gritar colectivamente lo único que había que decir: las alegrías más intensas fueron siempre para Nosotros huesos tironeados a la muerte y a los peligros, eso enseña la precariedad. Si hubiesemos podido colgar y bancar este enunciado podríamos pensar lo necesario: la tradición de muertes silenciadas en nuestro rock, la brutal indiferencia de nuestros pares, las secuencias feas que se vivieron en el microricoterismo. Escenas de microricoterismo indiferente o dócil se vieron varias en Olavarría (micros y combis que dejaron tirados a pibes y pibas a la vuelta del recital: derrota de los que coordinaban los transportes y se cagaron en los pasajeros, pero más aún de la mayoría de pibes y pibas que vieron asientos vacíos a su alrededor y en su desesperación por volver –ay! mas ganas de volver que de seguir rajando– o por profunda docilidad y temor, no saltaron para esperar a los cumpas... Indiferencia de los que no levantaban ni cuidaban al que se caía en el pogo, o los que puteaban al Indio pidiendo que el recital siga a pesar de los caídos...). 

Pero la peor derrota –y traición al Nosotros– fue lorearla. Hablar y mostrar. Exponernos. En los trabajos, con las familias, en las redes sociales. Mostrar la gran fiesta clandestina y “explicarla”. ¿Qué le importa a tu vecina o a tu jefe un recital del Indio? ¿Porque traicionamos la omertá roquera? Esta vez no fueron solo las pantallas; fuimos Nosotros que hablamos de más. Las operaciones y lo mediático pasan si hay una sensibilidad que las acepta y no las rechaza profundamente. Nos sometieron a una gran prueba de reflejos y salimos jodidos. No nos merecemos los milagros que no podemos bancar. 

Sean bienvenidos todos 

Nuestras fiestas (los Redondos, el Indio, los “viejos” congresos de esquina del rock barrial) fueron siempre un dispositivo de hospedaje para los heridos y los damnificados. Nunca se le negó un pequeño afecto de reconocimiento –un escabio o una puteada, nunca nada desde la piedad– a los cachivaches de todo tipo, a los socialmente indeseables, a nadie… En Olavarría –como en cada fiesta– algo se habilitó, las fuerzas rapaces del Nosotros parecieron abrir las puertas de todas las cárceles y psiquiátricos (como si la multitud festiva permitiera ocultar y perderse en ella a todos los cuerpos “escondidos” en los márgenes de la sociedad), desfilaban todos los sonados cantando juntos, los locos y desamparados, los peligrosos y perseguidos por los vecinos y la policía, los rechazados por sus familias, los que sufren discapacidades físicas, los cuerpos y rostros deformes cantando y emborrachándose. Todos moviéndose sin que ninguna mirada los criminalice y los juzgue. Como dijimos en alguna vieja crónica, “acá hay hospitalidad espontánea para la marginalidad: económica, de modos de vida, ‘biológica’. Acá estamos todos. Régimen abierto: siempre pernoctó el que quiso”. 

Pero el sean bienvenidos todos sin un Nosotros robusto se vuelve un peligro. Si por un lado permite armar un mundo, una experiencia colectiva que funciona de modo concreto (armando lazos, “comunidad”, logística, organizando el viaje, bancando la movida…) en su ambigüedad permite que ingresen también los que invitados desinteresadamente –y sin pagar peaje– terminan arruinando la fiesta, atentando contra su núcleo sensible. En el “entran todos” entraron también las fuerzas sociales que hirieron de muerte a ese dispositivo hospitalario (inexistente en cualquier moviemiento social o político; ninguna sensibilidad pudo soportar las fuerzas de la multitud ricotera). Entró el extractivismo (los caza-intesidades, que les cabe la previa, sacarse un par de selfis para decorar su plataforma virtual, pero que después te dejan tirado cuando pinta el peligro), y entraron los turistas ricoteros. Un entrar entonces que ya no es conquista: y lo que no cuesta no se defiende, ahora todos los recién llegados –o los veteranos recién agilados– se sienten descuidados y desorganizados. Y nada de lo que pasó en Olavarria es secundario de cara a la disputa política con el “macrismo”. Un testeo sensible de varios días evidenció cómo nos va por estos días. Y quedamos mal parados. Pero lejos de pensar de forma pesimista, lo que pasó tiene que servirnos para hacer un sinceramiento y saber realmente con qué cuerpos, sensibilidades y alianzas contamos (es muy gratuito boquear “Macri gato” y hablar de tomar la calle, del agite político o lo que sea…).  

Prudente con los gatos 

En Olavarría hubo infiltrados, pero también en los recitales anteriores. Los infiltrados son los turistas ricoteros. Un turista –a diferentecia de un patético viajante– no puede hacerse cargo de sus propias condiciones en el viaje y en la fiesta. El turista va a consumir una experiencia y a que nada salga mal –el mal viaje se banca solo, el mal tour indigna y reclama un 0800–. Pero los infiltrados no son solo sujetos; son fuerzas sociales que se colaron en Nosotros. Entonces necesitamos que nos organicen la fiesta y nos garanticen seguridad. Las fuerzas que se infiltran son hipócritas: quieren el exceso festivo (van a buscarlo, quieren registrarlo, quieren “vivirlo”, buscan adrenalina y anécdota para la próxima reunión con amigos, posteos para encarar la semana laboral y recordar las mini-vacaciones del fin de semana ricotero sumergidos en la vida mula), pero después no se la bancan. Porque en el fondo fueron movidos por alegrías tristes, quedando regalados para la operación mediática posterior. 

Las fuerzas infiltradas son díficiles de detectar: las portan clones de Nosotros mismos, son casi iguales, pero... Pero cuando se pudre salen corriendo. 

Si esas fuerzas nos infiltran y nos operan desde “adentro” (lo de Olavarría tuvo mucho de auto-sabotaje), es porque una mayoría del Nosotros condensa en los recitales la gran intensidad del año –o de cada dos años– y antes o después vive la serie incuestionable del trabajo, el parejismo, la familia y los hijos, el auto en cuotas o los ladrillos para la habitación del fondo, y los quilombos cotidianos y la amargura por la vida que se queda en el molde. Se condensa todo en el recital y después queda la anécdota eterna en el asado o las selfies o la repetición infinita del videito mal grabado y colgado en youtube. Ir a ver al Indio no es, en ese continuum, curtir un modo de vida disidente y marginal. Las formas de vida se prueban y sostienen en la materialidad de todos los días (cómo te ganas el billete y dónde lo pones, a qué te endeudas, qué haces de tu tiempo, cómo son tus días y tus noches, en dónde invertís tus riesgos y tus seguridades, qué cosas no tolera tu sensibilidad, qué hacés con tus derrotas y con tus alegrías, cuándo rajás y de qué te cagás…). 

Pero sí es cierto que estas fiestas son –¿eran?– una muestra a gran escala de la mejor versión de Nosotros mismos y un tesoro sensible siempre listo si en algún momento queremos desaconstumbrarnos de la tristeza que nos rodea. Nuestras fiestas también como plenarios íntimos para plantearnos las preguntas olvidadas y silenciadas por la sociedad, aquellas que tocan las fibras sensibles, aquellas que se elaboran al calor de los agites más recordados (donde la soledad y las derrotas se vuelven agitables y politizables). Y esta intervención como continuación de esos plenarios, invitación para continuar esas preguntas en momentos en donde la fiesta ricotera parece terminarse y las preguntas se vuelven más difíciles de pronunciar.  

Nos quieren muertos 

Luego de las conmovedoras palabras del Indio en el recital de Tandil empezamos a velar nuestras fiestas. Aún en medio del desborde alegre del viaje y la previa, era imposible olvidarse de la enfermedad del viejo. Pero ese final cercano parece haberse acelerado y de la peor manera. A lo largo de todos estos años fue común ver las réplicas de los recitales en la pantalla (678 musicalizado, duro de domar, programas de TN) pero si en esos casos se trataba de captura Política o de mera estetización, esta vez el manoseo en la pantalla vino desde peores lugares. Pero una vez más, más acá de la criminalización mediática y la movilización total de odio sobre nuestros cuerpos, estuvo nuestro autoboicot. Un sabotaje no planificado contra Nosotros mismos, sumado a la indiferencia frente a lo que pasó (lo que también constituye un modo reactivo de habitarlo) y la impotencia de los miles de Nosotros que quisieron o quieren expresar otra perspectiva (pero cuyas voces no se oyeron en el atolladero de palabras y textos y testimonios de los días posteriores al recital). 

Si en algo se asemejan Olavarría y Cromañon es en los odios posteriores que desataron. Nos quieren ver muertos. Quieren que nos salga muy caro haber rajado lejos de acá. Las fuerzas anti-todo hicieron máquina con nustro lado oscuro (aquel que se arrepiente en la vuelta, aquél que pide seguridad y se muestra disponible para ser “operado”). Una alianza negra entra esas fuerzas sociales que rechazan la fiesta (las mismas que en gran medida colocaron al Gato blanco en el palacio) y lo que somos cuando recuperamos la forma humana y no bancamos los recuerdos del agite. Ahí nos cogío la nomalidad y el securitismo y el juicio de la mala conciencia (“pero no andaban los celulares eh”, se queja el mismo que conquistó esa inmensa y necesaria desconexión...). Y ahí le hicimos el juego a la derecha afectiva y libidinal, nos mostramos también enfriados. Nos autosancionamos y no nos bancamos lo que teníamos que afirmar. 

En esta sensibilidad surfearon los que siempre nos van a esperar muertos. Los que experimentan el goce y el morbo cuando nos pueden buscar en una lista de hospital. Porque no se bancan lo que agitamos y sólo nos pueden alojar quietos. Una sensibilidad colectiva que hace años se viene moldeando, donde la muerte o el control son los modos de enfriamiento de cualquier imágen de intensidad que la puede poner en duda y desbaratar sus pequeños mundos. Y muchos de los que expresaron públicamente sus odios son los que se dicen de “izquierda” o “progres” o “militantes”, no nos olvidemos de los que nos odian, por favor (ahí está el que pone una foto de Spinetta con un cartel de apoyo a los docentes en la época de la carpa blanca y olvida que es el mismo que dijo que Cromañon es producto de “cerebros infraalimentados” y ahora repite la farsa y habla de “mala organización” y de la imprudencia de los que van a los recitales cuando se dice militante y no puede organizar y controlar un barrio, un aula o un espacio de trabajo o, peor, cuando habla de militancia juvenil… Son los mismos que permanentemente administran cuáles son las muertes políticas y cuáles no, si murió de sobredosis no garpa como muerto querido...) 

Pocos parecen dispuestos a bancarse esas intensidades y agites, pocos parecen querer moverse para aliarse con fuerzas rapaces y marginales. Por eso nos quieren ver muertos. Es la única manera de alojarnos: como víctimas (por que esas mismas vidas en vida importan una mierda). 

Olavarria dejo un registro de las sensibilidades y fuerzas con las que contamos. La derechización vital esparciéndose y haciendo combustión por toda la ciudad, como necesidad de congelar la fiesta y las fuerzas que pueden desbaratar los equilibrios diarios. Nadie dudaba de lo que dijeron los medios: porque lo mediático no es pescado podrido de un par de empresas, son las fuerzas que necesitan fijar las intensidades que nos recorren y leerlas bien lejanas a nuestra vida. Los medios surfean esas pasiones tristes, no las construye… sino a todos los cuerpos de roqueros o ex-roqueros no les hubiesen entrado tan ingenuamente las noticias.  

Me acordaré toda la vida de vos  

En la histórica conferencia de prensa del año 97´ el Indio saltó por Nosotros. Gafas negras, cigarrillo en mano, rodeado de la banda apunta al sótano oscuro de la sociedad y dispara. Ahora, veinte años después, nos toca a Nosotros salir a defenderlo. Dejarlo sólo sería traicionarnos de la peor manera. 

Lo dicho, “Indio fue el médium privilegiado de Patricio Rey; y gracias a ese encarnizamiento en el pelado tuvimos años de excusas de masas, años en donde la mejor versión de nosotros mismos se pudo mirar a la cara, años de más para pensarnos embriagados en acontecimientos multitudinarios. Esta fiesta, esta magnitud a escala no humana –hipódromos, autódromos– fue nuestra por invocación pero tuya, querido Indio, por ganas vitales de querer ‘todavía’ mover el culito arriba del escenario”. 

Axioma trascendente II: Se sumerge a un redondito en agua; si el redondito no es brujo, se ahoga. Si no se ahoga queda probado que es brujo y es condenado a la hoguera y a renacer de las cenizas...”, disparaba Patricio Rey allá por 1986. Y algo de eso sigue insistiendo. Siempre hay alianzas posibles para inyectar de vitalidad el Nosotros y hacerlo perdurar en el tiempo, o hacerlo renacer. También llevamos las marcas de esos segundos nacimientos, la historia de las complicidades que dan aire y amplían el margen. 

El ricoterismo –que son los redondos pero también las giras del Indio, que se llenaron de pibes que nunca habían visto a los redondos– específicamente sabe de complicidades y encuentros capaces de neutralizar la alianza oscura de las mayorías antifiesta y también, como se dijo, la alianza sutil entre esas fuerzas y partes de nosotros mismos. Sabe porque ese ricoterismo lleva tatuada –mal que les pese a muchos– la memoria sensible del aguante que supimos parir en los momentos más oscuros de nuestra generación. Aguante que siempre fue para Nosotros invención en la precariedad –y allí el rock fue la gran alianza– y no solo testimonio de agites pasados o entradas de viejos recitales enmarcadas en el living adulto. Aguante nunca fue el nombre del saber de ex combatientes, sino la destreza –y todo el tesoro– de una generación condenada –y habilitada– para moverse en la precariedad. Tesoro que se invoca en la complicidad entre los viejos cuerpos roqueros, los que se la siguen aguantando -los que seguimos afirmando nuestros berretines- y los hermanos menores, los pibitos y pibitas que se suman a la movida desde sus pliegues más intensos, aplicando mística y también autoorganización. Desde este escenario actual, vuelve de aquella conferencia de Olavarria del 97 una reflexión del indio donde pedía que era hora de “recuperar el ánimo y reencontrarse con los afectos más íntimos”. Ese también puede ser el llamado de hoy: el reencuentro con los afectos alegres, con la vitalidad y el agite que siempre está a mano y al mismo tiempo siempre por inventarse, esta vez con coordenadas más cifradas, con nuevas clandestinidades por conquistar, y nuevos misterios, apostando siempre por el cuerpo a cuerpo y por esos pogos masivos que aún restan por bailar.

viernes, 24 de marzo de 2017

"La idea era hacer un disco accesible" - Entrevista a Lucas Martí

Hoy a las 21:00 hs vuelve a tocar en Matienzo en plan solista. Lo acompañarán Nicolás Pedrero en guitarra, Ezequiel Kronenberg en bajo, Marcelo Baraj en batería, y Juli Sky y Sofía Vítola en coros. En nuestro último programa hablamos de su nuevo disco 'Las sombras que evadimos' y anunciamos el show de hoy. Escuchar acá.


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Desde hace un tiempo Lucas busca que sus shows sean previsibles, por lo tanto no es descabellado pensar que hoy por la noche en Matienzo no faltará Dolor + Miedo, ni Lo tan que me siento, ni Pon en práctica tu ley, ni Por el vértigo, ni Date y dame o No encajes, joyas de una obra que va por el décimo disco en solitario - inclyendo el EP Por 200 años más y el disco a dúo con Darío Jalfin El hijo principal- y que uno nunca termina de descubrir del todo... por suerte. ¿Por dónde entrar a ese mundo y ser tratado amablemente? ¿Por dónde conviene no hacerlo? Posiblemente, el show de hoy por la noche sea una buena forma de zambullirse en el costado más amable, cantábile y bailable de su música. 

Lucas divide su discografía solista en dos: la parte pop y la parte más experimental. En alguna charla, refiriéndose a Primer y último acto de noción - uno de los puntos altos de su trabajo- me dijo que discos como ese eran como su lado B. ¿Cómo entender esto? En 2005, luego de disolver A-Tirador Láser, edita en simultáneo Primer y último acto de noción y Simplemente. "Lo que hice fue sacar toda la parte que iba mejor con la guitarra y la llevé hacia un lado [Primer y último...], y los temas que creía que eran más pop fueron para Simplemente, que ahora a la distancia me doy cuenta que es uno de los discos más raros que hice", graficó hace un tiempo en una charla que seguía así:

- Ese es un gesto que te permite difuminar tu personalidad artística en distintos discos y proyectos. 

- Lo que pasó es que separé las cosas, pero me dí cuenta que una me gustaba más que la otra.
 
- ¿La de Simplemente?
 
- Y si. Me divertía y me interesaba más. Lo otro sentía que era una parte mía y no la quería dejar, pero me daba un poco de paja. Entonces, de alguna manera, si tengo que poner las dos cosas, una me interesa más que otra.
 
El peso de su lado A sobre su lado B, digamos, se nota en sus conciertos. Puede que sea injusto para con la parte más experimental de su obra, aquella donde también aparecen canciones que nos hacen pensar que Lucas Martí es un compositor fuera de serie (un error en el rock argentino de los 2000), pero podríamos pensarlo como un anzuelo para después ir a bucear a sus discos e incluso más atrás a A-Tirador Láser.

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Este concierto, además, incluirá tres canciones de su flamante LP Las sombras que evadimos: Autopista escapar, Recuperemos un minuto y Te sigo

Lo primero que salta al oído es la mayor presencia de la guitarra electrica. "El concepto general del disco era que la guitarra sea el instrumento predominante e ir desplazando casi por completo al teclado", nos dijo en la conversación del sábado. "Lo digo pensando en mis discos solistas, no en otros proyectos y cosas que estoy haciendo donde me interesa seguir trabajando con teclados y con electrónica".  

Se explaya un poco más: "Los discos pop que hago yo considero que son una misma propuesta que va mutando. Cuando hice Pon en práctica tu ley con teclados de los 80s, la idea era que ese sonido evolucione hacia algo más rockero. Lo hice con El gran desconocido popular y ahora lo acentué un poco más. El objetivo es que sea algo un poco más extremo. Quizás después de eso revierto todo y empiezo a hacer otra cosa. La idea es que sea algo que está en movimiento".

"Siento que mis discos más que ser un reflejo de algo, a veces son medio premonitorios"

Como sucede con las obras que son poco condescendientes con quien escucha, las canciones de Lucas requieren de un tiempo de degustación. Pero Las sombras que evadimos, extrañamente, contiene melodías que se impregnan en la primera escucha y quedan resonando, por ejemplo las tres que eligió para el show de esta noche. "La idea fue hacer un disco de canciones accesibles, entre comillas. Siento que mis discos más que ser un reflejo de algo, a veces son medio premonitorios. Este es un disco que lo empecé a hacer y me quebré el brazo, y me tuvieron que operar. Estábamos por grabar las guitarras y me pasó eso", recuerda.

- ¿Andando en skate?
 
- Si.
 
- ¿Fractura expuesta?

- Tengo un brazo robótico, ¿ves? Tengo un fierro acá [se señala el brazo]. Me hice mierda y eso pasó dos días antes de que fuésemos a grabar las guitarras. El día que grabamos las baterías yo estaba con un ruido en la cabeza que no me paraba, los oídos me hacían "shshshhsh". Yo ya tenía todo el concepto del disco y hice la tapa esa.
 
- ¿Ya lo tenías?
 
- Si. Igual no hay una canción que refleje el sentimiento del disco. Sí la tapa. Yo le quería poner al disco Afrontar las consecuencias de ser humano, pero justo los Kuryaki sacaron La humanidad o nosotros. Y apareció este título que me parece que es mejor. Son los miedos que tienen que ver con lo monstruoso.

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Para escuchar la entrevista acá.

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PD: Algunas de las declaraciones para esta nota están sacadas de otra entrevista realizada a Lucas Martí hace unos meses, razón por la cual no las encontrarán en la telefónica del sábado.