viernes, 27 de agosto de 2010

La radio y yo



Mi relación con la radio se debe remontar al inicio de mi existencia. Casi desde que tengo memoria recuerdo la presencia de la radio en mi casa. Había una portátil que iba de un lado a otro, era una radio cuya marca no recuerdo con un parlante negro y el dial en color verde. Mi viejo la llevaba al campo todas las semanas y en casa creo que quedaba un Winco en el que se podía escuchar AM. Me acuerdo el día que papá apareció con el plástico que revestía el parlante de la radio todo deformado, era como si se hubiesen creado tres lomas de burro una al lado de la otra.

Evidentemente, la radio había sido ubicada en la luneta del auto y en la ruta el sol la moldeó a su gusto y piacere. Aún así –por supuesto- la radio siguió funcionando y nos acompañó por mucho tiempo más hasta que compraron una Tonomac, muy linda ella pero a la que le perdí el rastro. Hace unos 10 años se cambió por una Aiwa que venía de la casa de mi abuela y que terminó por ser más moderna pero mucho –muchísimo- menos fiel que las otras dos.

El otro recuerdo es de ver a mis viejos acostados y la radio en la cama al lado del oído. Ese era mi viejo. Qué digo al lado: abajo del oído. Supongo que de allí viene mi práctica de dormirme escuchando radio todas las noches, que comenzó de chico –llevándome la radio a la pieza para escuchar los partidos de River o de quien fuera- y fue continuando de más grande hasta el día de hoy.

En casa se escuchaba LU2 Radio Bahía Blanca. No me voy a poner a explicar lo que es LU2, ya lo hice alguna otra vez. Lo que me interesa contar es que son pocas las voces que quedan para siempre. En Buenos Aires hablan de Fontana, Guerrero Martineithz, Larrea… hombres y voces que además –como yapa-revolucionaron el modo de hacer radio. Bien: las voces que quedaron grabadas en mi memoria son dos (y las dos ligadas a las transmisiones deportivas): Rubén Coleffi y Rafaél Emilio Santiago. Los dos periodistas deportivos. Coleffi fue un extraordinario relator de básquet por radio que creo insuperable, al menos en mi recuerdo. También transmitió fútbol, pero no era lo mismo, el básquet era lo suyo. Debería conseguir esos viejos relatos de la década del 80/ 90 y cotejarlos con mis criterios actuales sobre la radio para escuchar si era tan bueno como yo creía. Supongo que sí. En ese momento yo escuchaba radio con una inocencia que fui perdiendo pero el recuerdo impone a Coleffi como un creador de mundos mágicos que pocas veces volví a oir. Hoy escucho con otros oídos, presto atención al behind the scene y a los mecanismo complejos que hacen que las puestas al aire suenen simples, bien y naturales. No todo es tan simple ni tan natural. No añoro esa inocencia. Yo iba a la cancha a ver a Estudiantes y miraba siempre hacia la cabina donde él transmitía. Quizás allí radiquen las primeras observaciones del cómo hacer radio. Miraba el partido, escuchaba la transmisión y trataba de sacarle los yeites, de ver si mentía en lo que transmitía. Y no, claro que no, si bien es cierto que el relato era siempre mejor que el partido. Con Victor Hugo también sucede. En esos momentos uno cae en la cuenta de que relatar es un arte. Coleffi se retiró del relato. Y con él un modo de relatar básquet en Argentina.

Y Rafaél Emilio Santiago (Santiago es su apellido) es una institución del periodismo deportivo bahiense, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Un tipo que ronda los ¿70? pero conserva su voz igual de fresca que hace 20 años. Todavía mantiene ese tono canchero, algo aporteñado quizás, que lo hace sobresalir del resto. Junto a Coleffi hacían una dupla de las mejores del mundo en lo suyo. Eran como Lennon- Mc Cartney o Jagger –Richards del basquet. Hoy extraño esas voces. Cada vez que vuelvo a Bahía me desespero por escuchar algunos minutos de Santiago. No me importa lo que diga, casi siempre estoy en desacuerdo con lo que dice, es absolutamente reaccionario, conservador y facho pero claro…caigo en la cuenta de que lo que yo extraño no es su opinión –que repito: detesto y por suerte con los años pude ir formando una mía propia- sino su voz. Esas voces son parte de las marcas de vida que uno lleva consigo, ese tipo tiene una voz que necesito cada vez que piso BB. De Coleffi no sé nada.

A través de la radio llegó la música. Mi vieja tenía un grabador y compraba unos cassettes de audio raros, una marca que podría recordar como AM60 o algo por el estilo. No eran TDK. Debemos estar en el año 88. Estábamos en el living del departamento y ella ponía la radio y esperaba ese segundo de silencio entre canción y canción para apretar rec y grabarlas. Recuerdo que esa tarde grabó No voy en tren y alguna otra cosa más… quizás Sergio Denis. Estábamos los dos mirando y escuchando la radio y yo veía cómo apretaba el rec para enganchar la canción que le gustaba. Esos cassettes los tengo guardados. Otros tiempos, más artesanales, y otra radio en una ciudad que no era Buenos Aires.

Eso fui yo como oyente. Hasta que un día me enteré de que mi tío hacía radio en una FM local. El era (y es) mecánico y para mí su ámbito de trabajo era su taller, los autos, el aceite, la grasa. Alguna que otra vez había registrado que en su casa aparecían cada vez más casettes pero supuse que era una especie de renacimiento de su interés por la música. La cuestión es que un día no sé si de cumpleaños o de visita a mi casa, él dice que se tiene que ir a hacer radio. Y yo lo acompañé. La radio era FM Radio del Sol y quedaba a dos cuadras de casa sobre la calle Drago. No me olvido cómo me temblaron las piernas cuando me dijo si quería leer un texto al aire. Wow! Yo tenía ganas de leer, lo deseaba, sólo tenía que preguntármelo. Por supuesto dije que sí. Son esos momentos en que uno desea mucho algo y a lo mejor el otro dándose o no cuenta le deja la oportunidad servida en bandeja. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubiese pisado una radio a esa edad? No sé, nada seguramente. No hubiera pasado nada determinante. Pero quizá en ese mismo instante me dí cuenta de que por ahí iba a ir la cosa. Tenía 14 años, creo. No soy bueno para las fechas. Un tiempo antes había salido El amor después del amor de Fito Páez y empezaba a desandar el caminito de convertirse en el disco más vendido de toda la historia. Un día cae mi tío y –con ese aire protocolar que a veces tiene- le pidió a mis viejos charlar a solas. Y les preguntó si me podía llevar a ver a Fito Páez a la cancha de Estudiantes, presentaba el disco. Fuimos a ver a Fito y fue inaugural. Ya había recibido de mis viejos un casette de Sui géneris que gastaba y gastaba. Ahora se me abría el mundo de ésta bestia en estado de ebullición que era Páez. La música y la radio ya eran como una sola cosa para mí, iban de la mano. Y no estaba mal –sigue sin estar mal- porque hacer radio es parecido a hacer música.

Un par de años después – en segundo año de colegio- empecé a hacer micros de 10 a 15 minutos de deportes en una maratón de 6 horas sábados y domingos que se llamó Mano Única. Sábados y domingos de 8 a 14. Esperaba el fin de semana con una ansiedad similar a la que lo espero hoy (todavía me encanta ir a la radio y casualmente o no también estoy los sábados y los domingos). Al poco tiempo aprendí a operar, y cuando nos quedamos sin operador lo reemplacé todo el sábado y todo el domingo, cuando en la radio las tandas se hacían a casette y que salga todo a tiempoy como se debía eran una carrera contra el tiempo, sin mencionar los enlaces con los panoramas de Radio del Plata, la radio más impuntual que debe haber existido en la radiofonía argentina para tirar los panoramas. Al menos allá por 1996. En 1997 creo que pasamos a FM Latina y ahí ya hice las veces de co-conductor con mi tío. El programa se llamaba Codo con codo.

Toda esa época la radio me salvó la vida. Que alguien pensara que yo con 15 años podía hacer radio es una locura que a mi no se me ocurriría hacer con un pibe de esa edad por más que sea mi sobrino, no al menos sin pensarlo un rato largo. Esas cosas se agradecen. La radio para mi es mucho más que locutores, operadores, música, voces, tanda, emisor y mensaje. La radio fue un refugio. Y fue ideal porque a su vez me conectó con lo que a esa altura quería ser. Quería estar en contacto con la música, los medios, la política… La radio fue una llave para entrar a esos mundos.

La historia siguió pero no viene a cuento. Hoy la radio argentina cumple 90 años y sigue siendo importante en la vida de las personas, lo que significa que quienes la hacen también lo son. Se va a hablar de Sussini, de que fue la primera transmisión de ese tipo a nivel mundial, de que la hicieron desde el Coliseo, de Parsifal, de la magia y la compañía que significa para tantísima gente. Yo quería no perder el recuerdo de porqué amo a la radio, porqué nunca va a dejar de ser importante en mi vida, ya sea como oyente o hacedor.

PD: El día que aparezca un pibe de 15 años con ganas de hacer radio intentaré acordarme de mi mismo a esa edad y darle una oportunidad. Nobleza obliga
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jueves, 26 de agosto de 2010

Vuelve La danse, el Ballet de la Ópera de París




A raíz del éxito obtenido por el estreno del film, que agotó sus entradas durante tres fines de semana consecutivos, el Complejo Teatral de Buenos Aires, la Asociación Doc Buenos Aires -en su décimo aniversario- y la Fundación Cinemateca Argentina reestrenarán el próximo lunes 30 de agosto en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín el film La danse, el Ballet de la Ópera de París, la obra maestra del documentalista estadounidense Frederick Wiseman.

Para acompañar el reestreno, se llevará a cabo simultáneamente un ciclo denominado "Danza contemporánea x grandes cineastas", creaciones de directores de la talla de Olivier Assayas, Claire Denis y Pierre Coulibeuf, sobre coreografías de Pina Bausch y Angelin Preljocaj, entre otros artistas que también participan del film de Wiseman.

La agenda completa de las proyecciones -que cuentan con el auspicio y la colaboración de la Embajada de Francia y el Goethe-Institut- es la siguiente:

Lunes 30:

- Eldorado / Preljocaj
(Francia; 2008)
Dirección: Olivier Assayas.
A las 14.30 y 18 horas ( 90’ )

El director de Boarding Gate y Las horas del verano filma el encuentro entre el compositor Karlheinz Stockhausen, legendario iniciador de la música electroacústica, y el coreógrafo Angelin Preljocaj, enfocado en la creación del ballet Eldorado. Sesiones de ensayos y conversaciones preparatorias, un auténtico intercambio que ilustra las resonancias entre partitura y movimiento.

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman
A las 21 horas ( 158’ )

Martes 31:

- La consagración de la primavera
(Alemania Federal, 1976)
Dirección: Pina Bausch y Pit Weyrich.

La consagración de la primavera, de Igor Stravinski, es una de las obras musicales coreografiadas más a menudo. Entre las incontables coreografías que existen, la versión de Pina Bausch puede ser considerada como la más radical y conmovedora de todas. La danza, en la que se desafía a una espesa capa de tierra, hace creíble el sufrimiento de los participantes del sacrificio primaveral con imponente presencia física e intensidad. Danzan, siguiendo la profunda convicción de su coreógrafa, por su vida.

+

- Cafe Müller
(Alemania Federal, 1985)
Dirección: Peter Schäfer.

Pina Bausch no ha expresado nunca de una forma tan personal y triste su tema principal, la búsqueda humana de protección y amor, como en su obra Café Müller, de 1978. Al mismo tiempo, en esta búsqueda imperturbable residen la fuerza y la voluntad de no rendirse, de no dejarse apartar del camino, incluso cuando la falta de esperanza parece abrumadora.

A las 14.30 y 18 horas ( 36’ + 55’ )

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman
A las 21 horas ( 158’ )

Miércoles 1°:

- Hacia Matilde
(Vers Mathilde; Francia, 2005)
Dirección: Claire Denis.

Un encuentro silencioso de dos mujeres que crean. Claire Denis, cineasta, filma de cerca los cuerpos y su lenguaje. Mathilde Monnier, coreógrafa, busca a través del movimiento, más allá de la forma de la danza, los territorios que se abren sobre la vida. Su encuentro testimonia una colaboración intensa e íntima y el deseo de Claire Denis de preguntarse ahora y siempre sobre el gesto como un misterio.

“Este film no se llama Hacia Mathilde porque sí. Nos encontramos mutuamente en el rodaje y ese movimiento ‘hacia’ formó una suerte de vínculo que va más allá de las palabras. Creo que, en un plano, en una toma de un film, el cuerpo debe vivir y también contar una historia” (Claire Denis).

A las 14.30 y 18 horas ( 84’ ).


- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman
A las 21 horas ( 158’ )

Jueves 2:

Damas y Caballeros a partir de 65
(Damen und Herren ab 65; Alemania Federal, 2002)
Dirección: Lilo Mangelsdorff.

Pueden seguir sentados en su casa y gozar de su jubilación. En lugar de ello han respondido a un pequeño anuncio de periódico que decía: “Se buscan damas y caballeros a partir de 65 años”. La coreógrafa de Wuppertal Pina Bausch presenta una nueva escenificación de su obra Patio de contacto con aficionados de edad madura. El documental acompaña a personas que han dejado atrás su vida profesional y aceptan un reto completamente nuevo. Ellas quieren aprovechar aquí todas sus energías y experiencias y sobreponerse a convenciones y fronteras. Un film conmovedor sobre el proceso de envejecimiento.

A las 14.30 y 18 horas ( 70’ )

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman
A las 21 horas ( 158’ )

Viernes 3,sábado 4 y domingo 5:

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman
A las 14.30, 17.30 y 21 horas ( 158’ )

Lunes 6:

- Dominique Mercy baila Pina Bausch
(Dominique Mercy danse Pina Bausch; Francia; 2003)
Dirección: Régis Obadia.

Se trata del recorrido de un bailarín excepcional, y también de la historia de su encuentro y su ejemplar colaboración con una de las más emblemáticas figuras de la danza contemporánea. Una colaboración artística y una amistad nunca desmentidas en treinta años, durante los cuales el deseo de ser uno mismo nunca prevaleció sobre la generosidad, la modestia y la devoción por la obra. Miembro del Tanztheater de Wuppertal desde su fundación en 1973, Dominique Mercy es indisociable de la aventura artística de Pina Bausch y de la mayoría de sus creaciones.

+

- Pabellón negro
(Pavilion noir; Francia; 2006)
Dirección: Pierre Coulibeuf.

Punto de partida de la película de Pierre Coulibeuf rodada en 35 mm: un edificio, objeto radical de hormigón negro calado, diseñado por Rudy Ricciotti para el Ballet Preljocaj, 19° Centro coreográfico Nacional, inaugurado en 2006 en Aix-en-Provenza. Siete bailarines-actores nos permiten describir sus espacios, a través de una creación inédita.

Acciones coreográficas y situaciones paródicas conducen el juego, cruzando diferentes lenguajes y varios temas: el espacio, el tiempo y el movimiento. La energía, las fuerzas, el vacío y el cuerpo son los temas explorados en esta creación especial, compuesta de escenas y cuadros coreografiados en los diferentes espacios del edificio. Inspirado por su forma próxima al constructivismo, Pierre Coulibeuf recurre a la ficción para poner a prueba la realidad.

A las 14.30 y 18 horas ( 56’ + 23’ )

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman.
A las 21 horas ( 158’ )

Martes 7,miércoles 8 y jueves 9:

- La danse, el Ballet de la Ópera de París
(Francia/EE.UU., 2009)
Dirección: Frederick Wiseman.
A las 14.30, 17.30 y 21 horas ( 158’ )

miércoles, 4 de agosto de 2010

Que nadie me mida el corazón


Domingo 1 de agosto de 2010 - Página/12

Un músico elige su canción favorita:

Ernesto Snajer y la versión de Lliliana Herrero de “La casa de al lado", de Fernando Cabrera.


"Cuando era chico y escuchaba algo que me gustaba, creo que entraba en trance. Empecé a escuchar música de muy chico: es algo con lo que tuvieron mucho que ver mi mamá y mi tía, pero especialmente un abuelo muy melómano, que era colectivero y cuando él volvía de trabajar se ponía con el combinado. Yo lo miraba a escondidas, pero de ahí adquirí el hábito. Luego escuché Sgt Pepper’s y me volvió loco, y a los 11 años ya tenía la colección completa de Los Beatles. Si una canción me gustaba mucho yo entraba en un estado de beatlemanía: de pronto estaba en Liverpool tocando con ellos.

Ahora, por lo general, siempre estoy tratando de recuperar ese sentimiento de cuando alguna canción me transportaba a otro lugar. A mí me pasó que a medida que iba juntando más experiencia como músico, cambió mi manera de escuchar y de relacionarme con la música. Siempre existen cosas para descubrir o redescubrir, pero son pocas las cosas que me conmueven profundamente como al principio. Hoy tengo una escucha más quirúrgica de la música, aunque aquella otra experiencia de mi infancia no se perdió del todo. Sigo buscando. Y eso es lo que me sucedió con “La casa de al lado” de Fernando Cabrera, en especial con la versión de Liliana Herrero.

Conocí esta canción cuando Liliana estaba armando el repertorio de Igual a mi corazón, y me la cantó a capella. Ella arrancó con: “No hay tiempo, no hay horas, no hay reloj” y yo ya estaba otra vez en Sarandí con Pablo Ramos y los pibes, en verano y sin hacer nada. Tardes enteras en cueros, muertos de calor, en patas en la vereda, con el tocadiscos fuerte en la casa de mis abuelos. No nos aburríamos de hacer eso. Ese tema que hizo acordar de aquello. Una de las cosas sensacionales de la letra es que describe algo del barrio, pero aunque puede parecer costumbrista no lo es demasiado: el costumbrismo mucho no me gusta, tiene que tener algo psicodélico en el medio, y esto lo tiene. Es la clase de temas que uno conoce aunque no lo haya escuchado antes, parece que siempre hubiera estado ahí, como “Muchacha”, “Yesterday” o “Lately”, de Stevie Wonder. La melodía es hermosa y los acordes iban sonando en mi cabeza, a pesar de que Liliana cantaba a capella.

Creo que el mérito mayor de Fernando, es que es imposible imaginar otra melodía para esa letra (y viceversa). Son geniales las dos cosas e inseparables. Y es muy lindo cómo llega el estribillo después de las estrofas, parece un desahogo. Me gusta mucho que si bien hay un tono melancólico, no es un bajón. En general no me gustan los temas tristes, y a éste no lo siento exactamente triste. La letra parece decir que, bueno, las cosas eran así; está buenísimo que fueran así pero ya han pasado, y el mejor momento es ahora. “Se pasa el año, se pasa volando”, dice la canción, y el verso me resulta impactante: el momento es ahora, es importante, no hay que dejar que se nos escape. Al menos eso es lo que yo interpreto, lo que me llega.

La manera de Liliana de cantarla es conmovedora, muy profunda y tiene todos los matices posibles. Matías Arriazu en la guitarra y Mariano Cantero en la percusión tocan como los dioses, son dos tipos que juntos se potencian y parecen un grupo más numeroso. También tiene un rol importante en la grabación Marcelo Moguilevsky. Sus frases de clarinete parecen las voces de las personas que vivían en ese universo que pinta Cabrera en la canción, ecos de gente que uno conoció –los vecinos del barrio tal vez– y que no está más".

No hay tiempo no hay hora no hay reloj
no hay antes ni luego ni tal vez
no hay lejos ni viejos ni jamás
en esta olvidada invalidez.

Si todos se ponen a pensar
la vida es más larga cada vez
te apuesto mi vida una vez más
aquí no hay durante ni después.

Dejá no me lo repitas más
nosotros y ellos vos y yo
que nadie se ponga en mi lugar
que nadie me mida el corazón.

La calle se empieza a incomodar
el baile del año terminó
los carros se encargan de cargar
los restos del roto corazón.

Acá no hay tango
no hay tongo ni engaño
aquí no hay daño
que dure cien años
por fin buen tiempo
aunque no hay un mango
estoy llorando
toy me acostumbrando

Acá en esta cuadra viven mil
clavamos el tiempo en un cartel
somos como brujos del reloj
ninguno parece envejecer.

Mi abuelo me dijo la otra vez
me dijo mi abuelo que tal vez
su abuelo le sepa responder
si el tiempo es más largo cada vez.

Se pasa el año
se pasa volando
ya no hay más nadie
que pueda alcanzarlo
y yo mirando
sentada en el campo
como se pasa
el año volando.

No pasa el tiempo
no pasan los años
inventa cosas
con cosas de antaño
a nadie espera
la casa de al lado
se va acordando
se acuerda soñando.