viernes, 21 de noviembre de 2008

Entrevista con Diego Pérez de Tonolec


"Plegaria del árbol negro es nuestro segundo disco. La idea del disco es como un recorrido, un viaje que te lleva por diferentes lugares, encontrando diferentes seres, seres míticos, personajes, y eso se ve ya en el arte de tapa. Tiene que ver con los cuentos pero yéndonos para el lado de las leyendas. Es un disco heterogéneo porque hay temas infantiles, un tema muy bailable y subido de beat que está cantado por un chamán de la comunidad de Derqui, hay también temas oscuros, canciones que van más para el lado del folclore criollo (Ay corazoncito). Está bueno porque es heterogéneo pero tiene una unidad que es éste viaje que planteamos desde el concepto.

¿Cuál es el concepto?

El árbol negro es uno de estos personajes de leyenda, que para los Tobas es un árbol que está en el medio de una laguna y que tiene unos poderes mágicos. Los piogonac, que son los chamanes tobas, sienten en un momento de sus vidas un llamado y lo que tienen que hacer es pasar como una travesía, cruzar la laguna, ir subiendo el árbol, y a cada paso que van dando se encuentran con un ser o un animal diferente. A medida que van pasando estas pruebas van aumentando su poder (haloc se llama), sus virtudes, y una vez que llegan a la copa saltan, pasan la laguna hasta la costa nuevamente. Un poco basado en ese recorrido está armado el disco.

Lo que se lee y se escucha sobre ustedes es: “Tonolec es una mezcla de música electrónica con lo étnico”, incluso ustedes mismos lo dicen como una manera de describir lo que hacen, pero después eso hay que poder plasmarlo, hay que poder desarrollarlo. ¿Cómo lo logran?

Nosotros desde el comienzo nos planteamos esto como un búsqueda personal. De alguna manera creemos que los argentinos –como gente de muchos lugares del mundo- estamos compuestos por muchas culturas y si uno no acepta todas sus partes es difícil que llegue a ser uno verdaderamente ¿no? Nosotros con Charo veníamos de hacer música electrónica, teníamos un proyecto en dúo, como ahora, que se llamaba Laboratorio Wab. Y a partir de un viaje que hicimos a España al poco tiempo de habernos juntado, tuvimos esta visión juntos y decidimos buscar en el Chaco, que es el lugar donde ambos nos criamos, pero esta búsqueda tenía que ver con integrar todas esas partes. Y ahora voy a tu pregunta: nosotros pensamos que la forma de integrar esas partes tiene que ser integral, no nos interesa la superposición de las cosas, no es poner a grosso modo un bombo tecno y arriba un canto indígena. Entonces, lo que nos propusimos desde el comienzo –que fue como nuestro máximo reto- fue poder integrar estos diferentes mundos, la actualidad (que tiene que ver con la tecnología, el lugar donde vivimos, las herramientas que usamos) y también lo ancestral que tiene que ver con el suelo donde nosotros nos criamos. Y por eso en este disco incorporamos el folclore más criollo, que tiene que ver con nuestro crecimiento en el chamamé y los ritmos del norte. Es difícil porque lograr una fusión integral lleva mucho tiempo. A nosotros el primer disco nos llevó tres años, casi cuatro, porque los primeros años fueron de investigación, de embebernos de la cultura toba, conocer a la gente, a la música y demás. Es un trabajo largo para nosotros pero no podíamos hacerlo de otra manera, entonces directamente lo asumimos así y lo estamos tratando de llevar a cabo.

Por otra parte, nuestra idea siempre es trasladar el mundo que creamos en la música al escenario, que haya un clima que ayude a que la gente pueda entrar en ese mundo, porque nos encanta jugar ese juego y porque tiene que ver con tomar contacto con la música desde otro lugar. Salirse de que la música es algo funcional, en lo urbano la música es música de fondo -“poné algo de música así no es un bajón”- y en otros ámbitos la música tiene un poder de encuentro, de entrar en comunión con otras cosas, y para nosotros ese cambio fue muy importante. A partir de ahí nada en nuestra música y en nuestro arte fue igual.

Hay un dilema que uno se plantea cuando pisa una comunidad: desde qué lugar estoy pisando ésto que piso. Yo me sentí muy identificado con una anécdota que ustedes contaron: cuando llegaron a la comunidad, venían con equipos y cámaras para registrarlos y se dieron cuenta de que no era el momento, que tenían que dejar pasar un tiempo...

Si, en verdad uno se da cuenta de un montón de cosas en el primer encuentro que no las había pensado antes, y creo que tiene que ver con esto que hablamos de la fusión integral. Para que exista tal fusión tiene que haber una relación bilateral, y lo que se plantea habitualmente es: vamos y les llevamos comida a los tobas, vamos y los grabamos, pero ahí la dirección de las cosas va en un solo sentido. Entonces creo que para entender y aprender de cualquier cosa, de cualquier cultura, lo interesante es poder escuchar y poder apreciar cuáles son los tiempos y cuales son los códigos de los demás para que verdaderamente haya un intercambio y un aprendizaje. Y para nosotros fue muy difícil porque veníamos con un ritmo de vida de vivir en la Capital, la vorágine era otra, y tuvimos que frenarnos, aceptar que las cosas eran lentas y tardar cuatro años para hacer el disco, pero nos parece importante porque eso es una de las cosas que más nos enriqueció a nosotros.

¿Cómo fue la recepción de parte de ellos?

Así como hablamos de que eso es diferente en el tema de los tiempos, también es diferente cuando les gusta algo. Ellos no son como nosotros que vos les mostras un disco y dicen “qué lindo!”, primero lo miran y dicen “Ajá” y no te dicen nada, y después te vas dando cuenta con distintos gestos si lo aceptaron o no. Muchas veces son gestos mucho más fuertes. Por ejemplo: uno de los integrantes del coro toba –coro de Resistencia- en un momento apareció con una canción que hizo él, que se llama Tonolec, que dice que somos hermanos y que siempre vamos a estar juntos, y demás. Y uno escucha eso y dice "ah, entiendo todo y mucho más por ahí con un gesto así". Entonces también es como que tenés que esperar esos tiempos para saber si te aceptaron o no y qué piensan de lo que hacés. Por otro lado, políticamente para ellos es muy bueno lo que está pasando con nosotros, y eso es lo que nos dicen. Su propia juventud –la juventud de las comunidades- ya no quiere aprender el idioma, no se interesa por su cultura porque ven lo mal que les viene yendo de las colonizaciones en adelante. Entonces tratan de diferenciarse. Y el hecho de que nosotros hayamos hecho esto, repercute mucho allá porque los jóvenes ven que otros jóvenes que no están dentro de su comunidad se interesan en su cultura y hacen música, y para ellos es como un puente que vuelve otra vez a su cultura. Y eso lo repiten bastante y para nosotros es un orgullo tremendo que haya pasado porque empezó como una búsqueda personal y repercute mucho más allá de lo que hubiéramos imaginado.

En el disco aparece un chamán tocando y cantando ¿Cómo hicieron para grabarlo?

Esa es otra de las cosas particulares del disco, porque lo grabamos todo en mi casa, así que lo llevamos a mi casa. Quisimos hacerlo sin el reloj del estudio corriendo y apurándonos. Quisimos mantener esa magia, quedó todo muy bien, después lo mezclamos en un estudio y lo masterizamos, pero fue con ese clima casero que queríamos mantener y así fuimos invitando gente. A Mauricio Maidana (el chamán) lo invitamos a grabar el mbiqué (que es el violín de una solo cuerda) pero terminó cantando. Y quedó un tema mágico, tremendo. Primero lo grabamos a él, después pusimos un micrófono en el medio y grabamos coros, y así se fueron dando las cosas, fuimos con la computadora y grabamos en Resistencia a los chicos de la comunidad y están en dos canciones cantando canciones infantiles.

¿Es cierto que vos sos la parte más racional de Tonolec y Charo la más visceral?

No sé, eso lo dijo Charo una vez y a mi no me gustó nada (risas). En realidad lo que tenemos como combinación es bueno, con ella trabajamos desde hace 8 años juntos, desde la primera vez que nos juntamos hicimos una canción y funcionó y eso es lo importante. Estamos contentísimos porque en este disco sigue funcionando la química. Para decirlo a grandes rasgos yo me ocupo más de la parte instrumental y Charo más de la parte vocal y de letras.

¿Son composiciones de ustdes?

En el primer dico son temas 50 por ciento composiciones nuestras y el resto son cantos que fuimos conociendo ancestrales, algunos precolombionos de las comunidades tobas que nosotros decidimos versionar, que terminan siendo muy diferentes al original porque tampoco pretendemos hacer nada turista sino incorporarlo a lo nuestro. Pero tenía ese 50 y 50. En este disco tenemos muchos más temas nuetras, excepto el del Chamán y Cosechero de Ramón Ayala.

¿Qué sinifica Tonolec?

Tiene que ver con la repetición. Uno conoce un montón de cosas musicales que están en la electrónica que cree que nacieron la electrónica y en realidad son de lo más originario que existe. La repetición –que hoy en día la llamamos loop en la música electrónica- es un recurso que te hace entrar en un estado especial para llegar a esa comunión o a ese objetivo que tiene la música aborigen o indígena en todo el mundo. Es parte de nuestro trabajo encontrar cosas comunes entre estos mundos diferentes para aprovecharlo musicalmente, es arte de la integración: encontrar rasgos diferenciales pero también rasgo comunes.

Cuando nosotros estábamos en las comunidades veíamos cómo muchas organizaciones se acercaban a las comunidades para que empezaran a tener un ritmo que quizas no es el rimo de ellos ¿no? Por ejemplo, que empiecen a producir para que después eso que poducen lo puedan vender afuera, y también encontramos mucho esto de pedirles que se disfracen de eso que ya no son pero uno cree que son. ¿Ustedes tenían ese tipo de preconceptos?

No, en realidad nosotros no sabíamos mucho. Por ejemplo, a cinco minutos de Resistencia hay una comunidad y la mayoría de la gente no tiene idea de lo que hay ahí adentro ni qué música hacen. Teníamos una ignorancia muy grande así como gran parte de la sociedad. Pero creo que tiene que ver con la intuición el acercamiento. Es muy complicado porque a ellos le cambió todo el entorno, porque ellos ya no se pueden mantener viviendo cazando como cazaban antes o buscando las medicinas como las buscaban antes, porque lo campos tienen alambrados, los insecticidas hacen que no crezcan las mismas plantas, las tierras no son de ellos. Entonces no pueden vivir como vivían antes pero tampoco pueden vivir produciendo cosas que nunca produjeron. Por ejemplo, los tobas eran cazadores recolectores y enseñarles agricultura es todo un paso que la gente no entiende. Mi hermana trabaja en el INTA y les enseñó a hacer huertas hace poco. Ellos están acostumbrados a que venga un camión con comida y cada vez que escuchan un ruido de motor levantan la cabeza para ver y eso también tiene que ver con lo que hablábamos hoy: lo unilateral o lo bilateral. Yo creo que son fuertes, una cultura tremenda, una música tremenda, una visión de la naturaleza totalmente diferente a la que tenemos nosotros en el mundo occidental y muchísimas cosas que podríamos aprender de ellos. Y hay muchas cosas que ellos van a tener que aprender para sobrevivir, lamentablemente, pero va a ser un proceso largo. Vamos a tener que aceptar todas las culturas que conviven en el mismo lugar, tomar lo mejor de cada una y lograr una integración. Nuestra educación tiene la mirada en el afuera queriéndonos parecer a los franceses, pero hay un montón de otras cosas y nosotros somos esa mezcla y hasta que no aceptemos que somos esa mezcla y que podamos sentirlo y vivirlo así no vamos a tener una verdadera personalidad.

Y por otro lado hay que entender que la forma de integrarlos no es haciendo asistencialismo, que es lo que hacen muchos de los gobiernos. Esto que vos decís, que levantan la cabeza cada vez que suena un motor para traerles comida...

Que no está mal que les lleven comida.

No, pero no debe llegar hasta ahí, porque eso parece ser hecho sólo para capitalizarlo políticamente.

Claro. Es un límite muy fino. Yo ahora estoy estudiando el idioma. Y es muy diferente, es como estudiar japonés casi. Y te das cuenta de que hay tantas cosas diferentes que uno en realidad cuando empieza a conocer se da cuenta del contraste cultural que hay y de la necesidad de una integración, pero una integración que tenga los tiempos necesarios, no una imposición. Por otro lado nosotros le debemos nuestra música a este proceso y a esta integración, entonces podemos decir que cuando da sus frutos es buenísimo. Pero lleva tiempo, trabajo y esfuerzo.