miércoles, 27 de agosto de 2008

Entrevista con Fernando Cabrera

El 2 de agosto del presente en Patologías Culturales (programa 188) tuvimos el privilegio de charlar telefónicamente con Fernando Cabrera, inmenso músico uruguayo. Aquí transcribimos gran parte de la entrevista.

Escuchando tus discos pareciese que la canción tuya tiene dos momentos: por un lado el de la composición y por otro lado el de los arreglos, algo a lo que se nota le das mucha importancia. ¿Es errada esa impresión o está bien?
Está bien. Es más, te diría que no sé si los arreglos son algo separado de la canción o forman parte de ella. Yo me imagino la canción, casi desde el momento de la composición, con una cantidad de elementos arreglísticos que le son consustanciales. Todo forma parte de ella, porque después en el resultado uno escucha todo junto. Para el oyente que no es muy especialista o que no está en la música, la impresión auditiva es una sola: la batería, la trompeta, el cantante, el chelo, el ritmo, todo junto recibe ¿no? Entonces para mi es todo un poco indisoluble. Y también te digo que yo tengo un costado arreglístico. A mi siempre me gustó la parte de los arreglos, porque incluso te diría que antes de dedicarme yo a la canción, cuando tenía 15 años, 16 o 17, no pensaba que iba a ser un cantante, lo que yo quería ser era un arreglador o un compositor de música instrumental. Me vino el asunto de las canciones un poquito después.

¿Cómo llega?
Por consejo de los amigos que escuchaban algunas de las canciones que yo hacía. Recuerdo muy claramente un colega fallecido ya, Jorge Lazaroff, compañero de estudios que me dijo –escuchando en un recreo canciones mías- “Fernando, dejate de embromar con la música instrumental, vos tenés que dedicarte a la canción”. Eso un poco me dio ánimo, esa breve frase de él me volcó en definitiva a lo que ha sido hasta ahora el centro de mi vida.

¿Te hizo descubrir un costado que no tenías del todo desarrollado o venías ya pensando en eso?
Lo tenía, pero más como el que canta canciones en un asado, una cosa así del interprete. Yo hacía canciones, pero no les daba importancia. En realidad yo cantaba canciones desde los 6 años, porque a esa edad yo empecé a ir a una profesora de guitarra en mi barrio, que, fijate vos, era argentina y se había radicado en Montevideo. Ella me enseñaba guitarra, solfeo y todo eso, pero también canciones. Estamos hablando del año 63 en adelante, en ese momento había un gran auge de la canción argentina de origen folclorístico (sic), y todas las canciones que yo canto desde esa edad en el colegio, en las fiestas de cumpleaños de la familia o en el barrio, eran canciones argentinas: de Atahualpa Yupanqui, de Los Chalchaleros, de Los Fronterizos, etc. Así me inicié.

¿Y cuando aparece la canción más ligada a lo que empezaste a desarrollar después?
Aparece a los 14 o 15 años. Ahí empecé a hacer yo mis primeras canciones propias. Algún día se ve que pensé “bueno, vengo cantando canciones de niño, porque no intentar hacer una yo ¿no?” Y ahí empecé.

¿Influenciado por músicos uruguayos?
Por muchos. Uruguayos, sin dudas, la generación anterior a la mía, que fue la pionera en crear la actual cancionística uruguaya; estoy hablando de Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos, Alfredo Zitarrosa, etc. También me influenciaron los argentinos que recién te nombraba –Yupanqui por ejemplo- pero también Brasil, Antonio Carlos Jobim, y un poquito después, por el 64, el mundo anglosajón y los Beatles principalmente, luego Dylan. O sea que a mi me ha gustado mucho la música de la Argentina, Brasil y Uruguay, y luego el mundo del rock y del pop.

¿Ya después entran los Rada, Mateo, el candombe...?
Exactamente, claro que sí.

Vos decías recién que el oyente recibe todo como un bloque a través del parlante de la radio. Sin embrago, ustedes los músicos están años –como es tu caso- tratando de encontrarle un sonido a la canción o un arreglo. ¿El tiempo que vos te tomás entre disco y disco últimame tiene que ver con eso, con la búsqueda de un sonido que lleva tiempo encontrar o con otra cuestión?
Con varias cosas. Una, eso que tu dijiste. Otra, la pérdida paulatina a lo largo de mi vida –y lo digo como una cosa afortunada- de la ansiedad, del apuro por editar o por hacer cosas. Otra, el aumento paralelo de la responsabilidad y del temor, y del miedo también, a no repetirse. Pero sobre todo la pérdida de la ansiedad. Yo cuando tenía 20 años o 25 no se porqué, quién me puso en la cabeza, creía que tenía sacar un disco por año o algo así. Hoy en día lo considero un horror. No creo que nadie sea capaz de hacer doce o quince canciones buenas por año, excepto Calamaro (risas). Entonces bajé el ritmo por eso ¿viste? Para tener más cuidado por el producto. ¿Quién me apura? ¿Quién me apura?

¿Y cómo manejás eso? Porque uno de afuera ve muchos músicos que se repiten y a su vez sabe que es algo en lo que no querrían caer jamás? ¿Es manejable?
Depende un poco de tu autocrítica y tu humildad, parámetros más bien psicológicos, no creerte que sos infalible, saber ver los defectos y las repeticiones. Yo le tengo mucho terror a la repetición, cosa que, por otra parte, es muy difícil de evitar, porque inevitablemente está el estilo y la personalidad, pero no me gusta repetirme. Incluso he intentado en mis discos –con suerte despareja- que las canciones individuales mayormente sean diferentes unas de otras, que es un poco la impronta de Los Beatles.

¿Entonces no vamos a esperar de vos un disco conceptual?
Y no. Salvo que digamos que lo conceptual pueda ser una especie de dispersión total. Pero mirá, mi próximo disco, que lo comienzo a preparar ahora, en breve, va a ser por primera vez en mi vida un disco sin temas míos. Va a ser una visita a todos los autores uruguayos anteriores a mi, hoy olvidados o desconocidos. Voy a hacer versiones libres mías de unos quince a dieciséis autores pioneros de la canción uruguaya. A eso le podríamos decir un disco conceptual de repente ¿no?

¿Son algunos de los autores que mencionaste antes?
Esos y varios más: Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos, los dos principales autores del repertorio de Los Olimareños que son Víctor Lima y Rubén Lena, Anselmo Grau, Daniel Viglietti, Rubén Rada, Eduardo Mateo, Alfredo Zitarrosa, Darnauchans y Marcos Velásquez. Seguramente me olvido de alguno, pero más o menos es ese plantel de gente. Algunos ya han fallecido, otros andan cerca de los 70 años, los más jóvenes de los que te nombré son gente de cerca de 60. Son los anteriores a mi, a mi generación.

Esa generación no ha sido muy conocida por el público argentino masivo. ¿A que pensás que se debe que, salvo excepciones, no se hayan conocido?
Para empezar, la Argentina es un país muy autosuficiente con su música y su arte en general, ustedes tienen una infinidad de músicos talentosísimos y los consumen con mucho cariño. Esa puede ser una explicación. Después, que el Uruguay es un país que tiene muy poca fuerza para sacar para afuera sus cosas. Así como tenemos poca fuerza para exportar otros productos, lo mismo pasa con la cultura y el arte, somos muy chiquitos, no tenemos plata ni industrias discográficas invirtiendo en nuestros países, no tenemos canales de televisión fuertes que se escuchan en otros países, al revés de lo que nos pasa con ustedes, entonces todo eso sumado hace que seamos un lugar un poco satelital o marginal en relación a la verdadera metrópoli de la región, que es Buenos Aires.

Hace un rato nosotros presentamos el disco nuevo de Pedro Aznar –Quebrado- que consta de dos partes: un disco donde hace temas propios y otra donde hace versiones de músicos que en su infancia, su adolescencia y su formación como músico lo influyeron mucho. Hay en eso un lazo afectivo que me parece que es parecido a lo que vos mencionabas recién con lo que estás por hacer ¿no?
Y claro. Pedro es un hombre que yo asemejo a Fito Páez o a Andrés Calamaro. Es gente que ha sido muy respetuosa y que ha investigado mucho su pasado musical, no es la clase de gente que piensa que todo comienza cuando ellos nacieron; establecen un puente con el pasado. Y Pedro es una persona muy formada que tiene mucha información sobre la música uruguaya y brasilera, del pasado argentino, de todo ¿no? Son los músicos que a mi más me gustan, no rompen sino que arman puentes.

Uno de los discos de Pedro lleva por título Cuerpo y alma e incluye una versión de ese tema y otra de Tunguelé, ambos de Eduardo Mateo. Y esto me lleva a preguntarte cómo tomás vos a los músicos que hacen versiones de temas tuyos, una de ellas Liliana Herrero.
¿Y cómo querés que lo tome? Lo que hace Liliana conmigo desde hace varios años es impresionante. Yo siempre digo –no en broma sino en serio- que le voy hacer un monumento a Liliana. Estoy juntando canillas de bronce y todo eso porque ella me ha hecho tanto bien y me ha beneficiado tanto. Y además el cariño personal que nos tenemos. Las versiones que hace de mis temas son formidables. Yo te voy a decir algo, capaz que esto para alguno de los oyentes suena un poco loco, es muy personal ¿no?: Yo considero que Liliana Herrero está haciendo una de las músicas más contemporáneas y modernas de la Argentina, así nomás te lo digo. Es casi vanguardia, a pesar de que trabaja –es evidente- con materiales relacionados con la música criolla y todo eso. Ahora, su enfoque es de lo más moderno que está pasando en Argentina.

Liliana es ejerce un modo de cantar pocas veces visto, desarma y vuelve a construir las canciones a su antojo. Ella se apropia de las canciones. Eso es lo que hace con El tiempo está después, esa canción tuya tan hermosa.
Exactamente. Ahora hizo otra en su último disco La casa de al lado.

Si, hace poco la fui a ver cuando presentó su disco Igual a mi corazón en el Coliseo, e hizo toda una referencia hacia tu persona muy afectiva. Se nota que te tiene mucho cariño y que le gusta mucho lo que hacés.
Si, nos tenemos mucho cariño. Nos conocemos hace mucho, yo conozco a su familia, ha sido muy generosa conmigo.

¿Y vos en qué momento estás de tu relación con Buenos Aires o con Argentina?
Estoy en un muy buen momento. Recibo cada vez que voy a Argentina caudales de halagos y de mimos. Pronto voy a ir, tengo una presentación en el ND Ateneo en el mes de Octubre y voy a ir a Maipú también, invitado por Cristóbal Repetto que canta repertorio de tangos de los años 20 y 30. Se organiza un festejo de su ciudad natal, Maipú, y me invitó.

En el último concierto tuyo en La Trastienda estuvo Fito Páez entre el público y quedo muy sorprendido cundo hiciste la versión de 11 y 6 .
Si, la estuve preparando bastante tiempo antes de ir y después ese día no me salió muy bien. Espero que Fito me haya comprendido. Creo que le gustó, por lo menos a mi no me dijo nada. Sé que ha hecho referencias muy halagadoras que me han dejado muy feliz. Aparte, después estuvo en Montevideo en el Teatro Solís y me invitó a cantar con él, hicimos una cosa muy linda. Es muy generoso Fito también conmigo.

Hace un rato escuchábamos el disco que vos hiciste con Eduardo Mateo en el Teatro del Notariado en 1987. Imagino que en la construcción de la canción Mateo también ha dejado una huella imborrable en vos ¿no?
Si, sin duda. Cuando yo era un chiquilín, tenía unos 14 o 15 años, Mateo ya era una leyenda acá, una leyenda no masiva, no popular, pero sí entre los entendidos, los músicos. Ya en esa época había demostrado una cantidad de cosas increíbles, luego siguió trabajando muchos años más. Ningún músico en Uruguay está libre de la influencia de Mateo. Yo incluso me animaría a decirte que hasta de sus letras aprendía algunas cosas, se habla más bien poco de la parte letrística de Mateo. Y después muchas cosas más: la libertad, el coraje de escaparle siempre a lo estándar, lo cual te hace la vida más difícil –por supuesto- porque tu música va a ser menos fácil de colocar, y no vas a ganar plata y no vas a ser famoso. Y bueno, él siempre fue así. En Uruguay eso es un impronta bastante general: escaparle a la moda, a lo repetido, y tratar de ser original. El siempre fue muy corajudo en ese aspecto. Y después están las cosas de Mateo que son imposibles de imitar y asimilar porque son su verdadero talento y su genialidad, hablo de su dominio rítmico, su swing, Esas cosas uno las puede admirar pero es difícil que las pueda copiar. Era un verdadero superdotado.

¿Fue una sola noche esa del Teatro del Notariado?
Una sola noche pero dos funciones, una atrás de la otra. Después seleccionamos las mejores versiones. Quedamos muertos.

¿A Gustavo Pena Casanova (El príncipe) lo conociste?
Si, lo conocí. Increíble. Acá en Uruguay queda mucha gente por descubrirlo, sigue siendo bastante marginal. Por suerte ahora –lamentablemente a raíz de su fallecimiento- han salido dos o tres discos de él con grabaciones en vivo y otras cosas. Pero siempre fue muy desconocido y lo sigue siendo. Era un personaje, si ustedes lo han escuchado qué les puedo decir yo. Un tipo valiente, original, mucho swing también, un caso parecido a Mateo, no porque se parezca la música sino la actitud. También un poco abandonado y con ciertas dificultades de relación social, hay que decirlo también, lo cual siempre te complica la vida porque andás cerca de la miseria y la pasas mal. Esa es la verdad. Pero tenía mucho coraje.

La música de él y de Mateo y de tantos otros está hecha para perdurar. Ya los ha trascendido.
Si, la música –entre otras cosas- es nuestro orgullo ¿no? Sentimos esa satisfacción de ser un país chiquito y con pocas posibilidades y tener tantos artistas originales. Eso pasa también en el teatro, en la pintura, en la poesía, en la narrativa. Es una linda cosa que tenemos aquí además de las playas y el fútbol, de vez en cuando.

¿Entonces el CD que se viene qué titulo tiene?
Se va a llamar Canciones Propias.

Qué lindo título, porque es lo que hablábamos hace un rato: apropiarse de las canciones.
Claro, lo que decíamos de Liliana.


miércoles, 20 de agosto de 2008

Oficio de cantor



Ayer por la tarde –noche asistí a una Clínica de composición de canciones que dictó Palo Pandolfo en Estudio Urbano (en la calle Curapaligüe al 500). Palo es de esos músicos que escucho desde muy joven y tanto sus músicas como sus letras (me interesa mucho su acercamiento a la canción popular últimamente) se me han presentado como algo muy cercano a la poesía. A mi me pasó con Palo lo que a Palo –supongo- le pasó con Spinetta: “Fue un gran disparador en mi”, dijo. Con sus altos y bajos a lo largo de tantos años de trayectoria, representa una búsqueda de la belleza y hasta diría una coherencia en la contradicción.

Llegué al lugar, entré al aula, busqué un asiento a lado de unas repisas en las que había discos y revistas amontonadas y esperé leyendo un número de Inrockuptibles que tiene al Indio Solari en la tapa. No recuerdo el título pero fue una de las tantas entrevistas que dio el año pasado cuando salió a la venta Porco Rex. Mientras el aula (muy onda universidad privada) se iba poblando yo leía a Solari tratando de explicar lo mucho que le cuesta concebir a Chabán como un asesino y a los integrantes de Callejeros como cómplices. Hablaba de una situación fortuita (creo que la palabra era esa, sino perdón) y estableció una comparación: lo que pasó en Cromañón es como una granada que pasa de mano en mano sin la traba de seguridad y en algún momento le explota a alguien. Me dejó pensando. En parte porque yo tampoco creo que sean asesinos, y en parte porque “fortuitamente” cayó esa revista en mis manos justo el día en que se inició el juicio por las 194 muertes. No fue un día cualquiera el de ayer.

De repente llegó Palo. Polera de lana color crema, sobretodo a cuadritos, la guitarra colgando del hombro y una botellita de agua en una de sus manos. Dijo que estaba nervioso, que el último mes, desde que aceptó dar la clínica, había estado pensando mucho en lo que iba a decir. Algo nervioso y todo, comenzó. “Hace 31 años que empecé a componer canciones. Fue en el 77, tenía 12 años”. Ese fue el punto de partida de un recorrido que atravesó su historia personal, porque Palo no lo dijo, pero estaba claro que para él hablar de cómo componer es hablar de su historia personal. Entonces contó que es “devoto” de Los Beatles, que las primeras cosas que escuchó fueron Hey Jude,
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, la edición argentina de Revolver, y que en su casa había un bombo legüero que él tocaba encima de esos temas.

Estaba pensando en escribir “es posible que…” pero no, lo voy a decir directamente: Palo es un intuitivo. Hay un desarrollo de la intuición que lo determina musicalmente y que lo lleva como de la mano a lo largo de la charla. Palo se tienta y se va por las ramas con la misma pasión con que horas más tarde va a cantar Estaré, una canción de la época de Los Visitantes. La intuición hace que emprenda esos viajes discursivos que lo llevan en distintas direcciones y que vuelva como sin querer a lo que estaba diciendo y retome el hilo. El sabe emprender esos viajes y darles un sentido. Intuitivamente –entonces- yo fui anotando algunas cosas que él dijo. Hay de todo un poco. Son conceptos e ideas que elaboró sobre la canción y otras cuestiones.

“Yo cantaba para estar en la vereda de enfrente”.

“La composición se fue dando de manera intuitiva”

“Una cosa que me obsesiona es la clave rítmica. Yo no parto de la clave rítmica, sale una vez que tengo el tema”.

“Después de muchos años de componer y de volver a la guitarra criolla, me interesa complejizar la armonía. Pero esencialmente estoy parado en Zamba de mi esperanza, tónica-dominante-subdominante. La canción tiene que ser simple y cantábile”.

“Lo que realmente quería decir es que lo más importante y lo más difícil en la canción es la letra, eso lo vi claramente éste año”.

Paréntesis 1. Yo también tengo una gran debilidad por las letras de las canciones. Cuando Palo afirma que la canción debe ser “cantábile” quiere decir que se debe poder cantar, que cualquiera debiera poder cantarla. La canción popular debe dejar una huella en la primera escucha y uno tiene que poder recordarla y repetirla. Naranjo en flor es cantábile, a pesar de la complejidad. A desalambrar es cantábile. Ahora vuelvo.

“El punto es la letra, la música en mi se da como algo natural”.

“El rock blanco sólo se justifica si dice algo. En cambio lo afro tiene una cuestión espiritual, de ancestros”.

“La composición en la música popular es un arte de transmisión oral. Es escuchar, ver, llenarse de data. Yo hablo de data, absorbí y generé las herramientas para hacer canciones”.

“Las dos primeras canciones que escribí eran en inglés. Eso a mi me da mucha vergüenza”

“Yo guardo todo, soy muy obsesivo, no tiro nada. El hecho de componer es como empezar a dejar algo a mis hijos y a mis nietos”.

“Las letras se perfeccionan leyendo. Hay que leer mucho, es la mejor manera de expandirse”.

“Es obligatorio para un compositor de canciones estar ávido de lecturas”.

“La música con raíces es una voz que habla a través de los años”.

“Soy totalmente conciente de lo que estoy haciendo: música con raíces argentinas”.

“Mi sueño a futuro es hacer la gran Yupanqui: una persona y una guitarra. Eso es trascendente, lo simple por excelencia”.

Paréntesis 2. A lo largo de la charla Palo dijo que estudió mucho (música y canto), que leyó otro tanto y que escuchó mucha música, que es otra forma de estudiar. Eso se notó. Cuando hablaba de Los Beatles era porque los había estudiado (desmenuzó la letra de Lucy in the sky with diamonds, habló del surrealismo y dijo que esa música y esa letra le quemaron la cabeza), cuando recomendó escuchar Zamba del grillo por Atahualpa Yupanqui era porque sabía perfectamente lo que recomendaba, y cuando se refirió a Muchacha ojos de papel o a Canción para mi muerte como dos disparadores importantísimos (“de chico me di cuenta de que había algo ahí) es porque estaban escuchadas con gran dedicación. Por eso mismo cuando se le preguntó por Dylan prefirió no ir más allá de un “me gusta”, porque no lo tenía estudiado. Seguimos.

“Hace poco tuve una revelación. En el 80-81 empezó a haber militancia política dentro de la dictadura militar. Para mi generación, la militancia política es clave y por eso llegué a defender la música con raíces. Eso es militancia”.

“Entre el 84 y el 92 se dio mi integración a la vida laboral de Buenos Aires”.

“En la calle está la gran fuente de inspiración. Hay que ir siempre con una libretita porque si uno quiere hacer canciones hay que estar prevenido”.

“Aunque se tengan que romper el orto y tengan otros trabajos, nunca dejen de hacer música, porque uno no sabe qué puede pasar”.

“Yo hace mucho que entendí que el gran músico es el que utiliza la música para ser mejor persona”.

“Yo veo la música como un hecho dionisíaco”.

Paréntesis 3. Dice Palo: “La composición es una de los grandes momento de la vida”. Para esos momentos contó que tiene un ritual (¿criollo?). Desde hace un tiempo posee una casa en Paso del Rey y allí se guardó un altillo como su lugar por excelencia para componer. Hay dos caballetes y sobre ellos una puerta cubierta con un mantel boliviano, una vela, un vino, varios cuadernos y una técnica que implementa desde varios años a esta parte y que consiste en afinar la guitarra de oído, es decir, sin afinador.

En el momento en que contó eso sacó su guitarra del estuche y empezó a afinarla. Se guía por una armónica que está afinada en La. Sopla para obtener el Mi. Afina cuerda por cuerda y tarda un rato. A medida que va encontrando los tonos justos, juega y, casi sin querer, cuando ya tiene la guitarra afinada, encuentra una melodía que tranquilamente puede terminar siendo una canción. “Afino la guitarra y me afino yo. Y ocurre algo” resume. Más.

“Charly García, su vida, es la canción. El fue crítico cantábile de la vida social. Su obra es él mismo. Yo lo tomo y estoy con él en todo lo que hace. A mi me ofende que un plomo le pegue. Si sos plomo de él no le pegues, es una falta de respeto. Es la canción viva. El se cansó de cantarnos y de que seamos necios. El ejecutó la última canción en su cuerpo, es la canción final”.

“Lo que hace garcía es artaudiano: inmolación en vivo. Lo loco es que es Spinetta el que le rinde culto”.

El final no se correspondió con una clínica o un curso o un taller de composición. Palo vivió muchos años en Flores, que es donde nos encontrábamos. En cada historia o anécdota aparecía el perfume de Flores, ya sea que mencionase su casa de la infancia y de la adolescencia, la escuela, el secundario o sus primeros conciertos con una banda que se llamaba Sempiterno. Se notó que su regreso al barrio significó un bolsa de recuerdos cayéndole sobre la cabeza. Entonces propuso terminar cantando a unas cuadras de ahí, en una placita que se llama Misericordia, a la que Palo iba de adolescente.

Caminamos las 4 cuadras y llegamos a la plaza. Nos sentamos en unos bancos y Palo sacó de su bolso un Mistela y algo de pan para morfar. Empezamos a tocar y cantar y se sucedieron Bajan, Crisálida, Oficio de cantor, alguna más de su último disco, una zapada de diez minutos a cuatro guitarras y terminamos la noche cantado Estaré. Mientras cantábamos “Estaré / estaré / adonde salga el sol” yo recordaba la primera vez que escuché Maderita. Tenía unos 16 años y vivía en Bahía Blanca. Ayer estaba al lado del tipo que lo había compuesto, cantando temas de Spinetta y Los Visitantes –ambos parte de mi educación sentimental-. Me costó creerlo. Más que cantar junto a él, me costó creer que un tipo a los 43 años todavía tuviese el fuego interno intacto como para pelar una guitarra y cantar a los cuatro vientos como en su adolescencia, retorciéndose como siempre que canta una canción pero en el banquito de una plaza. Creo que es su forma de seguir en la vereda de enfrente.

viernes, 15 de agosto de 2008

Buenos Aires Negro


EL RESENTIDO
(H Estévez)

Los pobres duran pocos años
no es como en Belgrano
que no se puede caminar
de tanto viejo que hay.

En Soldati nadie llega a anciano
si no te mata el sida
o la bala policía
te lleva la jubilación.

Yo soy el resentido
porque soy la historia prohibida.

Yo soy la historia prohibida
que al periodismo lenguaraz
no le dejan contar
porque no le da divisas
a quién maneja nuestra identidad.

El que comentan las vecinas
y las señoras de buen hogar
sólo disparo la basura
que recojo de tu sociedad.

Mi abuela siempre lo dijo
nene: vos no sabés guardar.

Yo soy el resentido
soy la historia prohibida.

Yo no quiero ser “estón”
ni bobito de salón
cuido que no me gane la falopa
ni mis ganas de matar
y agradézcalo señora
me conformo con cantar.

Por ser la historia prohibida
de mi origen nacional
de mintieron en la escuela
de miente la televisión
no se llama democracia
vender la patria es traición.

Yo soy el resentido
soy la historia prohibida.

Hacen rap los negritos neoyorquinos
hacen blues los negritos un poquito más al sur
sueñan volver al África los negros rastas de Jamaica
y acá…
monitos imitadores y clubsillos de fans
acá en el último sur
les abrieron una sucursal
y yo…
que siempre fui de escupir el asado al patrón
les canto un tango
y muevo mis pies como me dicta el corazón
y no la radio
ni una multinacional
ni la televisión
ni la puta madre que los parió
les canto un tango.

Porque soy el resentido
soy la historia prohibida.


Este sábado charlamos con Hugo Peche Estévez, compositor y cantante de Buenos Aires Negro. Tienen un disco titulado Turra Vida y el próximo está en camino. En exclusiva, vamos a escuchar algunos de los temas grabados hasta el momento.

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Redescubrimos junto a Néstor Pichín los simples de bandas de los 60s y 70s que no llegaron al long play.

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Música, poesía y recomendaciones.